ARQUITECTURA BARROCA EN FRANCIA


Sobriedad, armonía y claridad serán, las tres claves de la arquitectura barroca en Francia, la cual, a diferencia de lo que habría sucedido en el país de origen del movimiento, Italia, estará concebida al servicio del poder establecido político (en vez del religioso) al igual que el resto de las artes. De ahí su majestuosidad y su clara vocación de ostentación. Es costumbre denominar las varias etapas del barroco francés por el nombre de sus reyes, distinguiendo las de Luis XIII, Luis XIV, Luis XV y Luis XVI.
 Durante casi siete décadas el país estuvo gobernado por la férrea mano de Luis XIV, con quien llega a su cima el absolutismo monárquico. La expresión de Rey Sol alude a su papel central, no sólo en la Francia de la época, sino en toda Europa, en un periodo en el que las finanzas del estado así como su capacidad para endeudarse permiten abordar grandes proyectos arquitectónicos. Entre los grandes arquitectos de dicho reinado destaca Louis le Vau (1612-1670), quien adquirió renombre a partir sobre todo del palacio de Vaux-le-Vicomte, en el que manifiesta con claridad la tendencia al clasicismo en los exteriores y el gusto por los paisajes ajardinados. Esta obra puede considerarse como precedente de la construcción del palacio de Versalles, que Luis XIV le encarga tras nombrarlo arquitecto real, desde entonces otros arquitectos asumen la dirección de las obras, hasta que finalmente se encarga de ellas Jules Hardouin Mansart (1646-1708), quien ya había construido la famosa iglesia de Los Inválidos de París.
En Versalles, Mansart lleva a cabo la gran fachada que da al jardín, las enormes alas laterales, la capilla del palacio y la planificación de numerosas estancias, entre las cuales el Salón de los Espejos, de 73 metros de longitud, es la más conocida. Las tareas de decoración de todos estos espacios fueron responsabilidad del pintor Charles Lebrun, mientras que el ambicioso programa de jardinería corrió a cargo del arquitecto André Le Nôtre. Quedó así definido el barroco francés en lo que a arquitectura se refiere: la pureza clasicista dominaba en el exterior, mientras el lujo y la exuberancia decorativa campeaban en los interiores, creando unos ambientes fastuosos.
No será, sin embargo, el arte de la monarquía el único desarrollado a lo largo del periodo denominado Barroco francés. Existirá asimismo todo un muestrario de manifestaciones arquitectónicas y plásticas de carácter burgués, caso de los llamados "hoteles", viviendas creadas en las ciudades para personas pudientes, o un género pictórico típico de dicha clase social muy difundido ya a finales del siglo .XVI: el retrato (iniciado por Felipe de Champaig)

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